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La Gran Logia de Argentina

La historia de la Masonería Argentina moderna encuentra uno de sus momentos fundacionales el 11 de diciembre de 1857, fecha en la que se constituyó oficialmente la Gran Logia de la Argentina.

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Aquel acontecimiento no solo representó la organización institucional de la Orden en el país, sino también el encuentro —y en ciertos momentos la confrontación— de distintas corrientes políticas, filosóficas y culturales de la época. Miguel Valencia provenía de una familia unitaria y había regresado del Brasil luego de un prolongado exilio político. Por su parte, José Roque Pérez, de tradición federal, había desempeñado funciones diplomáticas durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas. 

En el centro de ese proceso histórico se destacaron dos figuras fundamentales: Miguel Valencia y José Roque Pérez. Ambos compartían una profunda vocación intelectual y un fuerte compromiso con la construcción de una masonería organizada, aunque provenían de trayectorias muy diferentes.

Miguel Valencia, de tradición unitaria, había regresado al Río de la Plata luego de años de exilio en Brasil. Allí desarrolló una intensa actividad académica y masónica, manteniendo estrechos vínculos con la Masonería brasileña. José Roque Pérez, por su parte, provenía del ámbito federal y había ocupado funciones diplomáticas durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Su cercanía con la Gran Logia de Montevideo le otorgó una fuerte influencia dentro del escenario masónico rioplatense.

Lejos de ciertas creencias populares, el reconocimiento y desarrollo de la Masonería Argentina no dependió exclusivamente de Inglaterra. La consolidación de la institución fue el resultado de múltiples influencias regionales y del esfuerzo conjunto de hombres comprometidos con ideales de libertad, fraternidad y organización republicana.

Durante aquellos años, la discusión central giraba en torno al modelo de masonería que debía construirse en el país. Mientras algunos sostenían una visión más limitada y centralizada, otros impulsaban una estructura más amplia, integradora y federal. Finalmente, el consenso y la voluntad de unidad prevalecieron, permitiendo la consolidación de una obediencia nacional que con el tiempo se convertiría en el principal cuerpo regular de la Masonería Argentina.

Desde entonces, la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones ha continuado su labor institucional, preservando los principios fundamentales de la Orden y acompañando el desarrollo histórico, cultural y humano de la Nación.

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